Por lo que a la Unión General de Trabajadores respecta, la compatibilidad entre industria y naturaleza es posible.
Juan José García, secretario de Política industrial de UGT Asturias
Juan José García, secretario de Política industrial de UGT Asturias

En los últimos meses hemos sufrido en Asturias episodios de contaminación atmosférica que han hecho saltar las alarmas, trayendo a la actualidad una interesante y trascendental cuestión. Región industrial o paraíso natural. Chimeneas humeantes o naturaleza. ¿Qué es lo que pensamos al respecto y, sobre todo, qué es lo que queremos los asturianos y asturianas?

No sería una equivocación afirmar que la sociedad asturiana mayoritariamente aspira a mantener nuestro sello de región verde, con playas y montañas únicas, parques naturales y ecosistemas excepcionales, fauna autóctona… una tierra privilegiada que suma a este atractivo importantes bienes culturales, históricos y gastronómicos, todo lo cual ha repercutido en un crecimiento constante del sector turístico, que representa ya casi el 10% de nuestro Producto Interior Bruto.

En este contexto, lógicamente, cabe que sea prioridad disfrutar de un entorno saludable, lo que exige, en primer término, una buena calidad del aire que respiramos, que parece que no es la óptima. Según el último informe de la Agencia Europea del Medio Ambiente, cada año más de 400.000 europeos mueren de forma prematura como consecuencia de la contaminación del aire que respiran y Asturias no escapa al problema.

Una región eminentemente industrial

La nuestra también es una región eminentemente industrial. El sector es el indiscutible motor de nuestra economía y presenta en este momento bastantes muestras de fortalecimiento tras haber sufrido con dureza las consecuencias de la crisis. La industria emplea en la actualidad a más de 57.000 personas y supone el 20,5% de nuestro Producto Interior Bruto.

En este punto, cabe señalar que tampoco parece que nos equivoquemos si decimos que tener un puesto de trabajo y que éste sea digno y nos permita desarrollar un proyecto vital también, con toda seguridad, es una prioridad para los asturianos y asturianas.

Por otra parte, para afrontar el debate es imprescindible saber cuáles son los agentes contaminantes que nos están afectando. Las estaciones de medición del Principado recogen diariamente óxidos de nitrógeno, dióxido de azufre, monóxido de carbono, ozono, PM10 y PM2,5 (partículas) y Benceno.

El dióxido de nitrógeno es un gas cuya fuente fundamental de emisión se encuentra en los procesos de combustión (calefacción, generación de electricidad y motores de vehículos). La Agencia Europea del Medio Ambiente tiene a cinco países en el punto de mira por llevar años superando los límites legales permitidos. Entre ellos, junto a Alemania, Francia, Reino Unido e Italia, se encuentra España. En este momento la Unión Europea está valorando tomar medidas para en un cambio de regulación más restrictivo y se prevén multas millonarias a los países que incumplan las normas.

Al igual que el dióxido de nitrógeno, el dióxido de azufre también tiene su origen principal en la combustión de fósiles para la calefacción doméstica, la generación de electricidad y los vehículos a motor. En cuanto al monóxido de carbono, su fuente principal son los automóviles y los procesos en los que intervienen las combustiones. Se trata de una sustancia altamente tóxica, porque se combina con la hemoglobina de la sangre e impide el transporte de oxígeno a los tejidos.

Por su parte, la contaminación por partículas, que puede alcanzar las zonas periféricas de los bronquiolos y alterar el intercambio pulmonar de gases al ser inhalada, procede del polvo re-suspendido existente en la atmósfera y de las actividades relacionadas con la industria, la construcción y el transporte rodado, junto a otras fuentes minoritarias como la quema agrícola.

El ozono a nivel del suelo ―no confundir con la capa de ozono en la estratosfera― se forma por la reacción con la luz solar de contaminantes procedentes de las emisiones de vehículos o la industria y los compuestos orgánicos volátiles emitidos por los vehículos, los disolventes y la industria.

Finalmente, el benceno, se genera en las coquerías, pudiendo ser emitido a la atmósfera. Además es utilizado en la manufactura de otros productos químicos usados para la fabricación de plásticos, resinas, nylon y fibras sintéticas. También es aplicado para la realización de distintos tipos de gomas, lubricantes, tinturas, detergentes, medicamentos y pesticidas.

Queda hacer referencia al dióxido de carbono, un gas que se encuentra normalmente en la atmósfera y que se produce de forma natural en la respiración de los seres vivos y en las combustiones y que tiene una participación determinante en el calentamiento del planeta. Asturias alberga focos importantes de emisión de gases efecto invernadero si partimos del hecho de que una parte relevante de las emisiones se genera en el sector industrial.

La combustión de vehículos motorizados

Hecho este breve repaso, se puede observar que en todos estos contaminantes tiene una participación clave la combustión de los vehículos motorizados. La Agencia Europea del Medio Ambiente emitió el pasado año el informe titulado Hacia una movilidad limpia e inteligente, transporte y medio ambiente en Europa, en el que estima que el transporte está en el origen de una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero que se generan en la Unión Europea y provoca contaminación atmosférica, contaminación acústica y fragmentación del hábitat. Es también el que contribuye en mayor medida a las emisiones de óxidos de nitrógeno.

Según datos de la Dirección General de Tráfico, el parque automovilístico en Asturias al inicio de 2016, alcanzó los 678.327 vehículos, con una media de antigüedad de 11 años. Esto supone una proporción de un vehículo por cada menos de dos personas, independientemente de su edad o disponibilidad de conducir. Los vehículos no sólo contaminan a través de los escapes, sino que también liberan a la atmósfera material en partículas y metales pesados como resultado de la abrasión de neumáticos y frenos, que una vez depositados en el pavimento vuelven a suspenderse con el tránsito de otros vehículos.

Ante este panorama (que evidentemente no sólo se circunscribe al ámbito asturiano), la Unión Europea se ha marcado una serie de líneas para reducir el impacto medioambiental del transporte en Europa, incluidos los gases de efecto invernadero. Para el sector del transporte el objetivo general es reducirlos entre un 80% y 95% para el año 2050. También se pone el foco de atención sobre la aviación y el transporte marítimo, ya que se prevé que dichos sectores incrementen, no solo las emisiones de gases efecto invernadero sino también el resto de contaminantes de manera exponencial.

Por su parte, la calefacción doméstica representa una fuente adicional de contaminantes que incrementa su impacto durante los largos periodos de estacionalidad anticiclónica en el invierno. Sobre esto último, ha de mencionarse también, como una importante variable, la eficiencia energética de la vivienda en cuestión.

La compatibilidad es posible

Así, cada quien puede adoptar la postura que estime conveniente, pero para determinar qué es lo que colectivamente queremos los asturianos y asturianas es imprescindible que demos respuesta objetiva a algunas cuestiones. Por ejemplo, ¿es la industria responsable única y/o principal de la contaminación atmosférica? ¿Sería sensato desmantelar nuestro tejido Industrial? ¿Podemos permitírnoslo? ¿Estamos dispuestos a asumir las consecuencias? ¿Estamos preparados para cambiar el coche por otros medios de transporte menos contaminantes? ¿Somos responsables y/o víctimas de la sociedad de consumo?

Por lo que a la Unión General de Trabajadores respecta, la compatibilidad entre industria y naturaleza es posible. Lo que está claro es que urge acometer las medidas necesarias por parte de los gobiernos correspondientes para paliar una situación que no tan a largo plazo puede volverse irreversible. Defendemos una región industrial, con una industria plenamente responsable con las directrices marcadas por la Unión Europea, que se prevén cada vez más restrictivas, e instamos a quienes nos gobiernan a que adopten actuaciones serias en cuanto a planificación urbana e implantación de mejoras tecnológicas, exhaustivos controles de todos los focos contaminantes, estudios e informes medioambientales y de salud y, en definitiva, todas aquellas acciones que en los próximos años hagan que los asturianos y asturianas podamos seguir presumiendo de vivir en un paraíso natural, con salud y también con empleo y bienestar social y económico.

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